Ruinas en Tlaxcala revelan resistencia indígena a los conquistadores

Zultepec-Tecoaque

En las escuelas y universidades se enseña que los conquistadores españoles aplastaron rápida y fácilmente a las culturas amerindias que encontraron a su paso. Sin embargo, esa creencia es un reduccionismo, puesto que los españoles muchas veces fueron frenados, combatidos, repelidos y vencidos por los movimientos de resistencia indígena.

Recientemente, en el territorio del estado de Tlaxcala se ha encontrado una cruda evidencia del dominio indígena sobre los españoles, lo que demuestra que la conquista hispana no fue tan sencilla como podría parecer. En esta región los indígenas lograron vencer a los españoles y tomar el control de la situación temporalmente.

En las ruinas de Zultepec-Tecoaque se encontraron muestras arqueológicas que confirman que los indígenas de la región, aliados de los aztecas, lograron diezmar de forma eficiente a una expedición invasora compuesta por quince españoles, 45 soldados de infantería y un importante contingente de 350 indígenas aliados, además de esclavos negros.

Tal como lo reporta El Financiero, todo parece indicar que los llamados texcocanos o acolhuas obligaron a los prisioneros de guerra a tallar figuras de barro que los representaban, para luego decapitarlas. Según Enrique Martínez, arqueólogo experto estudioso del hallazgo, los expedicionarios fueron probablemente ejecutados, sacrificados e ingeridos por los indígenas.

Aparentemente, la susodicha expedición se realizó al año siguiente del desembarco del conquistador Hernán Cortés en tierras mesoamericanas, hecho que ocurriera en 1519. El origen étnico de los miembros de la expedición, así como su sexo, fueron determinados tras el examen forense de sus restos óseos, particularmente los cráneos.

Algunos estudiosos consideran que esta desafortunada expedición pudo haber contado con más de 500 miembros, los cuales terminaron siendo consumidos por los indígenas, incluyendo a los caballos, sus animales de transporte.

De acuerdo con un comunicado emitido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, los indígenas consumieron ritualmente los restos de los expedicionarios porque creían que a través de este acto podían pedir protección a sus dioses para repeler a los invasores.